lunes, 3 de agosto de 2015

EL CICLISMO CONQUISTA A LOS VIGUESES

EL VIGO QUE FUE

    
Francisco Maldonado Lagos y Ramón Gasset fueron los vencedores de la primera prueba ciclista disputada en Vigo. Fue el martes 9 de agosto de 1887 a las cinco de la tarde. Ocho corredores, montando velocípedos [eran máquinas con una rueda delantera muy grande y otra mucho más pequeña detrás], se presentaron en la Alameda ante una gran multitud. La banda municipal, situada en el quiosco, «frente al jurado», amenizaba el espectáculo. La competición se dividía en dos pruebas distintas. La primera consistía en ensartar, siempre subidos a la máquina, el mayor número de sortijas, mientras que la otra sería ganada por quien invirtiese mayor tiempo en realizar un recorrido. Hay que tener en cuenta las especiales condiciones de estos vehículos.
 
 
El velódromo donde hoy está La Alameda

 
El periodista e historiador Gerardo González Martín acometió con éxito en el 2007 la ingente tarea de recopilar los orígenes y primer siglo del ciclismo gallego en el libro 120 anos de ciclismo galego (Galaxía). En aquel libro, el investigador de la historia de Vigo señala que aquel año «Vigo coñeceu as primeiras probas ciclistas, o que supón dicir que na cidade nacía o deporte de masas». Una afirmación, referida al ciclismo en su estado primario, que el fútbol no alcanzaría hasta décadas después.
 
González Martín hace referencia al cronista olívico Avelino Rodríguez Elías para situar en torno al año 1880 la llegada del primer biciclo a Vigo. Tras aquel verano de 1887, el ciclismo ya se instaló en la ciudad y, al año siguiente, volvió a repetirse la competición, incluyendo entonces pruebas de resistencia y velocidad, que ganó el gran ciclista local José Curbera Fernández, el Hércules de los velódromos.
 
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La prensa local cifraba en seis mil personas la asistencia, en el verano de 1889, al Campeoanto de Galicia que se disputó en la alameda viguesa. Los participantes tuvieron que dar diez vueltas a la improvisada pista habilitada en el lugar. Rafael Troncoso fue el vencedor, mientras que en la carrera de tres mil metros se alzó vencedor Francisco Molíns. Todavía hubo una tercera modalidad, infantil, dedicada a los triciclos, en la que se impuso Javier Curbera. La habilidad estuvo representada por la carrera de cintas que ganó Ramón Gasset.
 
El contexto de las dos competiciones son las fiestas de la Reconquista, que desde 1883 se celebraban en agosto, en torno a la procesión del Cristo de la Victoria.
 
Las carreras y las regatas generaron, según cuenta la prensa local de 1887, el interés por las apuestas. Según cuenta Faro, la panaedría Madrileña, situada en la calle de Sombrereros, acogió un «centro general de apuestas». El procedimiento era parecido al que se sigue hoy en día. Los apostantes adquirían antes de las pruebas los billetes, que valían cinco pesetas, a favor de un velocipedista o de una embarcación y, una vez concluida la carrera o la aregata, se pagaba a los ganadores antes de abrirse el período para apostar por la siguiente carrera. Aquella panadería madrileña estaba regentada, según la prensa, por un señor apellidado Pou.
 
Como las regatas se hacía frente al Náutico, los espectadores podían ver ambas pruebas sin grandes desplazamientos.

Jorge Lamas. La Voz de Galicia
 
 

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