viernes, 15 de junio de 2018

OPERACION MOSQUETERO CONTRA PESQUEROS GALLEGOS



HISTORIA SIGLO XX



Al menos una docena de pesqueros gallegos fueron hundidos en la II Guerra Mundial por buques de guerra aliados. Porque, en 1943, la flota de Galicia entró en guerra, aunque sus barcos pertenecían a un país teóricamente neutral. El mando aliado los convirtió en objetivo militar y ordenó hundirlos si se adentraban en aguas en conflicto, para evitar que actuasen como espías del III Reich.
 
Los ataques no aparecen en la prensa de la época, bajo una férrea censura de la información bélica. Pero documentación hecha pública por la Royal Navy británica, junto a la Armada Canadiense, confirma los ataques. Al menos diez buques fueron bombardeados y hundidos durante el conflicto.
 
A finales de 1942, los aliados dejaban claras sus intenciones. Aviones de RAF sobrevolaban la costa gallega, arrojando pasquines sobre los puertos. En los panfletos, se advertía a los marineros que no saliesen a mar abierto, pues todo el litoral se consideraba zona de guerra. En los papeles amenazantes, se relataba que el Atlántico y el Cantábrico se habían convertido en el escenario de la batalla entre los aliados y los submarinos nazis. Nadie estaría a salvo navegando en esas aguas.
 
Al año siguiente, en 1943, comenzaba la Operación Musketry (Mosquetero), con aviones y buques aliados a la caza de los submarinos U-boot, las «manadas de lobos» del almirante Doenitz. Su escenario se extendió desde el cabo Fisterra hasta el golfo de Vizcaya. Y, en los archivos militares de Inglaterra y de Canadá, figuran las acciones que tuvieron como víctimas a pesqueros gallegos.
 
En julio de 1943, una flotilla aliada patrulla frente a Galicia. Está formada por el destructor canadiense Iroquois, acompañado por su gemelo Athabaskan, y por el destructor polaco Orkan. El 21 de julio, el capitán escribe en su diario: «El Iroquois ve a un barco pesquero español hacia el este, de nombre Manolo, de A Coruña, y, siguiendo las instrucciones de hundirlo, lo hacemos, después de embarcar a su tripulación de catorce hombres».
 
A la mañana siguiente, el Iroquois detecta a otro pesquero gallego. Es el Isolina, al que envía a cañonazos al fondo del mar. Un tercer barco, el Vivero, se hunde víctima de los obuses del destructor polaco Orkan. «Estos barcos -explicaría el capitán del Iroquois- fueron hundidos en un área que había sido prohibida para ellos por el Almirantazgo varios meses antes, porque había buenas razones para creer que estarían menos interesados en la pesca que en la más probable ocupación del espionaje».
 
La Armada canadiense justifica que, en los últimos meses, los pesqueros gallegos se adentraban en mar abierto, desoyendo las órdenes. Según los archivos de Canadá, la operación del 21 y 22 de julio de 1943 «fue la primera que se tomó en contra de ellos para que cumpliesen las órdenes». Y esa jornada fatal pudo ser peor, porque el capitán del Iroquois termina informando de que ha avistado «a otros muchos, más de quince pesqueros, pero no fueron molestados porque no estaban en una posición que perjudicase el éxito de nuestra operación [la caza de submarinos U-boot]».
 
Además de la flota del Iroquois, otra escuadra aliada atacó a pesqueros gallegos en aquel verano de 1943. En este caso, estaba formada por destructores de la Royal Navy británica. Integraban el convoy los buques Kite, Woodcock, Woodpecker y Wild Goose, cuatro destructores de última generación, construidos en astilleros del Reino Unido para hacer frente a los sumergibles de Doenitz.
 
Pero también los pesqueros gallegos pasaron a ser sus enemigos. El 22 de julio de 1943, el Woodcock encuentra faenando al pesquero gallego Europa 5, matriculado en Vigo. «El área era una de las señaladas por el Almirantazgo para uso de los neutrales bajo su propio riesgo», escribe el capitán del buque. Así que se ordena abordar al arrastrero y detener a sus 17 tripulantes, que son embarcados en la flota aliada. Instantes después, el Woodcock dispara sus cañones contra el Europa 5 y lo hunde en el Atlántico.
 
En los días siguientes, los aviones de patrulla británicos localizan a nuevos pesqueros gallegos en su zona de acción. El capitán del Woodcock ordena a todos los destructores de la zona dirigirse al área de pesca frente a Galicia, con órdenes de hundir a los barcos.
 
Se procede como contra el Europa 5, comenzando por un abordaje y deteniendo después a todos los tripulantes. Una vez embarcados en la flota aliada, los pesqueros son bombardeados y hundidos.
El Viro es enviado al fondo por el destructor Kite; el Montenegro, por el Wild Goose; el Buena Esperanza y el Don Antonio, por el Woodpecker; y el Comparrel, por el Woodcock. Que todos los barcos participasen en el hundimiento, hace sospechar que aprovecharon la operación para hacer ejercicios de tiro.
 
Un pesquero más, el Valterra, se deja a flote para poder trasladar a él a los marineros gallegos y que regresen a puerto.
 
El alto mando aliado temía que los pesqueros gallegos actuasen para Alemania, facilitando información sobre tránsito de mercantes. Por ello se decidió prohibirles salir a mar abierto. Y también se temía que proporcionasen a Hitler información meteorológica, muy preciada en cualquier guerra.
 
El resultado fue al menos una decena de pesqueros gallegos hundidos, cuya historia fue silenciada, hasta que la rescatamos en el año 2006 en el libro Galicia en Guerra’ publicado por Edicións Xerais.

Eduardo Rolland. La Voz de Galicia

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